La gobernanza criminal. La nueva forma de control territorial del crimen organizado

La gobernanza criminal. La nueva forma de control territorial del crimen organizado
Publicado el: 02/11/2022
OPINIÓN | Crnl. Mario R. Pazmiño S.

La violencia criminal e ineficiencia gubernamental para solucionar los problemas de una crisis de inseguridad, que se salió de control desde hace dos décadas atrás, ha facilitado que el crimen organizado avance en su posicionamiento territorial dentro de la débil democracia ecuatoriana. Este gran leviatán delictivo ha penetrado las estructuras gubernamentales, de control, de los operadores de justicia y de la misma sociedad, donde el imaginario gubernamental sigue creyendo en fantasías irreales, como pensar que controla la situación.

La gobernanza criminal se da cuando el Estado, sus instituciones y sus autoridades ceden espacio para que organizaciones delictivas se posicionen en santuarios territoriales, evitando confrontar con las mismas y, más bien, opten por una retirada silenciosa. Este abandono de su responsabilidad constitucional, de brindar seguridad a la sociedad, se puede deber a un comprometimiento con el crimen organizado, un temor a enfrentar las estructuras delictivas por falta de preparación, recursos, equipamiento y apoyo gubernamental. O porque su adversario se encuentra mejor posicionado en un santuario, lo que les da legitimidad a los actores generadores de violencia ante la ineficiencia estatal, debilidad institucional, impunidad y corrupción campantes.

El objetivo de la gobernanza criminal es generar, a futuro, capital político para poder captar las estructuras de administración, control y justicia, para hacer más fuerte su presencia en el escenario territorial. De esta forma busca crear microestados que proyecten la estructura de un estado fallido.

Esta nueva forma de influencia territorial establece tres metas a alcanzar: primero, defensa a sangre y fuego del santuario frente a otras organizaciones delictivas rivales; segundo, desplazar a la fuerza pública o lograr su colaboración y comenzar a asumir sus competencias y, por último, tener el control social y establecer nuevos gobiernos locales, con reglas afines a sus negocios ilegales y construir así su legitimidad.

Esta nueva forma de control delictivo desplaza al Estado de sus competencias tradicionales y constitucionales. De ahí que las organizaciones delictivas asumen nuevos roles como: proporcionar seguridad, resolver conflictos sociales, imponer justicia, brindar asistencia social, entre otros. Algo similar sucedió en Medellín, en la época de la organización de Pablo Escobar y sus barriadas, donde tenía protección y colaboración de la misma población, es decir el microestado dentro de la misma ciudad.

Gobernanza criminal es la que se ejerce en las cárceles de nuestro país. En ellas, el Estado es un mero espectador. Quien controla, administra y dirige los centros carcelarios es el crimen organizado. Gobernanza criminal es el control que ejercen los carteles, las megabandas y los grupos narcoguerrilleros en la frontera colombo-ecuatoriana, que inundan nuestro país de cocaína, sin que el Estado pueda hacer nada. Gobernanza criminal son los barrios, como la Guacharaca y Aire Libre en Esmeraldas. O Nueva Prosperina, Flor de Bastión, El Fortín, Ciudad de Dios, Socio Vivienda, Monte Sinaí, entre otros, de la ciudad de Guayaquil. Son verdaderos asentamientos de organizaciones delictivas que ejercen un eficiente control territorial y donde el Estado no ha podido garantizar la seguridad de la población.

De aquí a poco tiempo veremos como la sociedad preferirá a las organizaciones delictivas que a las instituciones estatales. Esta metástasis criminal comenzó hace tres décadas a vista y paciencia de los diferentes gobiernos y, en algunos casos, con el consentimiento de los mismos, dando así un impulso permanente a la nueva modalidad delictiva llamada gobernanza criminal.


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