Nueva masacre minera en Ecuador: 8 cadáveres desmembrados en Pucará exponen la guerra por el oro ilegal

Nueva masacre minera en Ecuador: 8 cadáveres desmembrados en Pucará exponen la guerra por el oro ilegal
Publicado el: 08/11/2026
Las autoridades ecuatorianas confirmaron el hallazgo de ocho cuerpos desmembrados en dos fosas comunes dentro de una mina ilegal de oro ubicada en el cantón Pucará, provincia de Azuay. El macabro descubrimiento, ocurrido en el sector Huasipamba (también referido como Huasipamba-Mirador o El Carbón), se produjo en una zona de difícil acceso bajo estado de excepción y pone de relieve la disputa entre bandas criminales por el control de yacimientos mineros ilegales y rutas del narcotráfico.

Los restos corresponden a siete hombres y una mujer. Estaban enterrados a aproximadamente dos metros de profundidad, con las manos atadas y presentaban lesiones compatibles con desmembramiento y decapitación, atribuidas preliminarmente al uso de un machete. No se evidenciaron impactos de proyectiles de arma de fuego. Según el jefe de la Policía Judicial de la zona, coronel Pablo Inga (también referido como comandante subrogante de la Subzona Azuay), los cuerpos habrían permanecido enterrados alrededor de 48 horas.

Este caso, que conmocionó al sur del país a inicios de agosto de 2026, ilustra cómo la minería ilegal se ha convertido en un botín estratégico para organizaciones delictivas y en un escenario de extrema violencia.

Cómo se descubrió la masacre: denuncias familiares y operativo de alto riesgo

El caso comenzó a gestarse cuando familiares de personas que presumiblemente trabajaban en la mina reportaron la pérdida de contacto. Las comunicaciones se interrumpieron alrededor del 5 o 6 de agosto (miércoles o jueves, según distintas versiones). Algunos allegados llegaron a la zona, encontraron vehículos quemados y signos de violencia, e incluso uno visualizó la escena el viernes 7 de agosto.

A partir de las denuncias y reportes al sistema ECU 911, las autoridades locales activaron un operativo conjunto. Policías, militares y unidades especializadas se internaron en un terreno boscoso y accidentado. El trayecto desde Cuenca puede demandar entre dos y seis horas, dependiendo de las condiciones. En total, aproximadamente 120 personas participaron en las labores de búsqueda, recuperación de cuerpos y recolección de evidencias.

Durante el recorrido se localizaron dos vehículos (camionetas) completamente incinerados. En un sector donde la tierra parecía removida se hallaron las dos fosas, cada una con cuatro cuerpos. El levantamiento se extendió desde la tarde-noche del sábado 8 de agosto hasta la madrugada del domingo 9. Los restos fueron trasladados en vehículos 4x4 hasta un punto seguro y luego al Centro Forense Zonal 6 de Cuenca para autopsias e identificación.

La mina, conocida en reportes como “El Mirador”, no contaba con permisos de exploración ni explotación, ni registro catastral. Las autoridades estiman que operaba de forma irregular desde hace más de un año y contaba con al menos siete bocaminas dedicadas a la extracción de material aurífero (y posiblemente cobre).

Identificación de las víctimas y avances de la investigación

Para el 10 de agosto de 2026, la mayoría de los cuerpos ya habían sido identificados por familiares que acudieron al centro forense de Cuenca. El retiro de los restos estaba programado para el 11 de agosto. Reportes preliminares indicaron que entre las víctimas se encontraban una madre y su hijo. La Policía y la Fiscalía continúan las diligencias para establecer con precisión las identidades, las causas exactas de muerte y el móvil del crimen.

En el lugar se recogieron evidencias adicionales, incluyendo un cuchillo, prendas de vestir y otros indicios. Las autoridades investigan si las víctimas eran trabajadores de la mina ilegal y si el ataque responde a una disputa territorial, un ajuste de cuentas o una demostración de control por parte de grupos armados. Hasta el momento no se han anunciado detenciones vinculadas directamente a esta masacre.

Minería ilegal en Pucará y Azuay: un negocio controlado por bandas

Pucará y la provincia de Azuay se han consolidado en los últimos años como focos de explotaciones irregulares de oro y cobre. Estas actividades, sin control técnico ni ambiental, generan importantes ingresos ilícitos que financian el armamento, el reclutamiento y las operaciones de organizaciones criminales.

La zona está mayoritariamente bajo la influencia de Los Lobos, una de las estructuras delictivas más violentas de Ecuador, aunque reportes previos también han señalado la presencia e intereses de grupos como Los Choneros en la minería ilegal de Pucará. Estas organizaciones no solo operan minas clandestinas, sino que extorsionan a mineros artesanales y legales, secuestran trabajadores y utilizan la violencia extrema (desmembramientos, decapitaciones) como método de intimidación para consolidar territorio.

La minería ilegal se ha convertido en un complemento estratégico al tráfico de cocaína: permite lavar dinero, obtener liquidez y ejercer control territorial en zonas remotas donde el Estado tiene limitada presencia. Operativos previos en Azuay, como el desmantelamiento de campamentos en sectores como La Chonta, han dejado evidencias de resguardo armado, armas de guerra y la capacidad de reorganización de estos grupos.

Estado de excepción, política de seguridad de Noboa y el costo humano

Azuay forma parte de las diez provincias declaradas en estado de excepción desde junio de 2026. Esta medida, recurrente desde la llegada de Daniel Noboa al poder en 2023, habilita el despliegue de militares en las calles y forma parte de la estrategia oficial contra lo que el gobierno denomina grupos terroristas vinculados al narcotráfico y la minería ilegal. Ecuador mantiene desde 2024 una declaratoria de “conflicto armado interno”.

Pese a estas acciones, la violencia armada no ha cesado. Ecuador registró en 2025 una tasa cercana a los 51 homicidios por cada 100.000 habitantes, una de las más altas de la región, con un número récord de alrededor de 9.300 muertes violentas según cifras oficiales. Las disputas entre bandas por rutas internacionales de cocaína y yacimientos mineros ilegales continúan generando masacres, fosas clandestinas y un clima de terror en zonas rurales y mineras.

Organizaciones de derechos humanos han denunciado presuntos excesos por parte de las fuerzas de seguridad en el marco de estos estados de excepción. Mientras tanto, las comunidades de Azuay enfrentan el doble impacto de la actividad minera ilegal (daño ambiental y contaminación) y la violencia criminal que se asocia a ella.

Imagen:Referencial

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