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Publicado el: 27/03/2011
Los delirios de rafael correa
Únicamente los delirios de una persona que está convencida de que tiene una misión cuasi divina pueden explican el derrotero por el que está llevando al país Rafael Correa.
Solo delirios de gestas revolucionarias explican que Correa esté tan empecinado por probar, por ejemplo, que el 30-S hubo un acto contra revolucionario con complot para asesinarlo.
Solo esos delirios pueden explicar, asimismo, su demencial capricho por encarcelar al periodista Emilio Palacio por el simple delito de tener una opinión con la que no comparte. Y entre sufrir delirios a terminar delirante no hay mucho trecho.

Estos delirios se hicieron patentes durante el discurso que Correa dio el miércoles durante una ceremonia en la Policía Nacional.Hay que escuchar el tono profundamente lírico y la cadencia trágica con que comparó el asesinato de Eloy Alfaro con lo sucedido en el Regimiento Quito, para entender que Correa está atravesando una etapa en la que sus delirios, probablemente incubados por adulones que lo rodean, explican la dirección que está tomando su Gobierno.
Durante su discurso trazó un curioso paralelismo entre el asesinato de Alfaro y lo sucedido el 30-S para probar que las gestas heroicas y revolucionarias son siempre acosadas por los mismos depredadores que, según su visión, básicamente es la prensa corrupta.
Hurgó en la historia para sostener que las opiniones expresadas en editoriales escritos hace cien años motivaron el atroz asesinato de Alfaro y concluyó de forma simplista y ligera que editoriales o editorialistas como esos de hace cien años fueron los que empujaron a supuestas fuerzas retardatarias a conspirar en contra de su “revolución”. No dijo nada, obviamente, sobre la mercurial decisión que tomó de ir hasta el lugar donde se habían congregado los policías sublevados porque le hubiera sido imposible afirmar que cometió tamaña tontería por sugerencia de tal o cual medio de comunicación.
Tampoco dijo, en su graciosa comparación, que cuando se produjo el asesinato, Alfaro no era Presidente y que más bien estaba involucrado con ciertas aspiraciones golpistas.
Esta alucinante visión que Correa tiene sobre su papel en la historia del Ecuador y sobre su misión revolucionaria a la cual se oponen, dice, fuerzas retardatarias lideradas por la prensa podría explicar su obsesión alrededor del 30-S.
Una obsesión que ha terminado por forzar un burdo proceso judicial en contra del coronel César Carrión quien está acusado por algo que nadie ha visto ni ha podido probar: que puso un candado para que el presidente no puede ingresar al hospital de la Policía y así muera asfixiado por los gases lacrimógenos.
Es esa misma obsesión la que ha hecho que Fidel Araujo, cuyo mayor pecado es haber trabajado en el Gobierno de Lucio Gutiérrez, esté también preso con pruebas ridículas por la simple “necesidad de Estado” de regalarle a esta “revolución” una contrarrevolución, como reza el subtítulo del libro 30S que publicó el pomposamente llamado Programa de Estudios y Pensamiento Político del Ministerio de Coordinación de la Política.
Escuchar el tono épico del discurso de Correa en la Policía también permite entender ciertos aspectos del nuevo intento por llevar a la cárcel al periodista Emilio Palacio. Esa visión de su gobierno como un fenómeno epopéyico que tiene que soportar los embates de las fuerzas del mal y de la ignominia para poder consolidarse en la historia permite entender la demencial iniciativa por castigar a alguien por lo que piensa. Con varias lecturas del editorial “No a las mentiras” se puede descartar que la investigación de la Fiscalía busque en ese texto ofensas o injurias, porque es evidente que no las hay. En cambio, lo que sí hace ese editorial es poner en apuros a la teoría del golpe del Estado y el complot para asesinar a Correa. Algo intolerable para quien aspira rociar a su Gobierno con un toque del romanticismo que implica una supuesta contrarrevolución.
Además, Palacio, se adelante en ese texto a la posibilidad de que Correa indulte a los implicados del intento de “magnicidio” ante la falta de evidencias con lo cual esa salida al callejón en el se halla el Gobierno prácticamente se tapona.
De sufrir delirios y ser delirante hay un solo paso. Lo que no sabemos es cuán grande es ese paso.

       
       
       

Fuente:http://desdelatranquera.wordpress.com/2011/03/03/los-delirios-de-rafael-correa/



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